El brillo de la memoria – Cumbre Tajín 2018

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El brillo de la memoria – Cumbre Tajín 2018

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El ritual de rituales de la cultura Totonaca, la cultura de la alegría, ha sido toda una experiencia digna de uno de los festivales más importantes de México y el mundo: como cada primavera “Cumbre Tajín” brilló en todo su esplendor.

“El lugar del trueno”, Tajín fue certificada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, la arquitectura que sintetiza el vínculo de los Totonacas con los ciclos universales y, en especial, la extraordinaria Pirámide de Los Nichos, si se me permite la comparación, recuerda a los templos japoneses y tibetanos, envuelta por un bello entorno selvático, en donde los aromas de las plantas exóticas y la abundante vegetación tropical con un toque de vainilla se conjugan perfectamente reactivando el esplendor de este santuario.

Los totonacos saben que antes de iniciar los festejos hay que oficiar una ceremonia para obtener el beneplácito de los guardianes del territorio, es así como curanderos, danzantes y otros miembros de la comunidad realizan el ancestral rito del Litlán pidiendo permiso y perdón a las deidades de la bondad, el bienestar y la armonía para realizar el festival Cumbre Tajín y para dar inicio al Kaxanama o primavera e inicio de la floración. Somos flores.

Teniendo como marco los edificios ceremoniales del Centro de las Artes Indígenas (CAI), se promueven y transmiten los valores de su cultura, desbordantes sabidurías se ejercitan a medida que se revelan frente a los ojos de quien se ve envuelto ya no como testigo sino como actor en la ceremonia de la vida, inspirada en un modelo educativo que alienta las habilidades del individuo según su don o estrella, poniendo al sujeto como el epicentro enfocado en mantener y difundir sus tradiciones ancestrales y perennes, se despliega un amplio abanico de actividades artísticas, espirituales, tradicionales, ecológicas, lúdicas y musicales para establecer una comunidad basada en la visión totonaca de compartir el don personal y entender la felicidad como el aprender del otro.

Era cuestión de caminar entre las calles de ese mundo posible girando alrededor de un vuelo sagrado hacia los cuatro rumbos que se entretejían, por un lado, con el antiguo juego de pelota pero en una versión muy moderna, luego unos pasos adelante el grupo de malabares y circo totonaca daba unos largos pasos en zancos a la altura de los árboles, más abajo a la sombra de un zapote sonaba el son jarocho seguido de una obra de teatro, un concierto para niños, allá lejos el romanticismo ardiente florecía en la rondalla de mujeres, por aquí y por allá las delicias culinarias del totonacapan se mezclaban con la música de Café Tacuba, Rubén, el vocalista, sensibilizó a su público del grave problema del Fracking que afecta a Veracruz y el mundo, metros más adelante, en el interior de la casa de algodón, en las manos de abuelas tejedoras brotaban los hilos de la memoria, “estamos todos recordando”, le dije al abuelo volador quien se preparaba para subir hasta la punta del sagrado mástil que conecta al cielo con la tierra inseminándola con su baile y al tocar su flauta, “sí –me dijo-, todos estamos recordando el brillo de la memoria”.

Es de llamar la atención la estructura del Centro de las Artes Indígenas que es la de un asentamiento tradicional que comprende 14 casas-escuelas. Cada una de ellas está especializada en una de las artes totonacas (cerámica, textiles, pintura, arte de la curación, danza tradicional, música, teatro y cocina) en las que se inician los aprendices.

La “Casa de los Voladores” y La “Casa de los Mayores” son ejemplos de cómo éstos adquieren los valores esenciales del pueblo totonaca, así como una orientación sobre la práctica creativa. La transmisión de conocimientos en el Centro es integral, holística y abierta a todo público. Las casas-escuelas, que conciben la práctica creativa como algo intrínsecamente ligado a su naturaleza espiritual, se proponen conseguir la regeneración de la cultura totonaca, revitalizando las prácticas culturales indígenas mediante el uso de su lengua madre como vector de la enseñanza, la recuperación de técnicas tradicionales olvidadas, la producción artística, el restablecimiento de los órganos de gobierno tradicionales y la reforestación de las plantas y árboles necesarios para las prácticas bioculturales.

El CAI ha sido incluido en la Lista de Mejores Prácticas para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (PCI, Unesco, 2012), promueve también la cooperación continua con los creadores y organismos culturales de otros estados mexicanos y de países del mundo entero a fin de dimensionar nuestra estatura cósmica, compartir la renovación de la alegría y aprovechar la oportunidad histórica restaurada por la sabiduría indígena.

Es el “Árbol Totonaca de la Buena Fruta”, comentó el director de Cumbre Tajín: Salomón Bazbaz Lapidus “parafraseando las palabras de don Juan Simbrón Méndez, quien fuera el líder moral del Concejo Supremo Totonaca, sostenía que “es importante la igualdad entre los hombres porque el mundo es de indígenas y de no indígenas. Debe reinar el respeto y el amor a la naturaleza para mantener el árbol de la buena fruta”, hoy el CAI es ejemplo de sus enseñanzas y un sueño cristalizado en el que la sabiduría totonaca queda resguardada para las próximas generaciones”.

PAXAMAMA NEWS
Mumta Ito: Directora General
Saamdu Chetri: Director Editorial
Dorian Antuna: Fundador
www.paxamamanews.org

By | 2018-03-29T12:57:23+00:00 marzo 29th, 2018|Categories: Casa de Pensamiento|0 Comments

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